La apnea del sueño tiene una relación compleja con los problemas cardiovasculares, neurológicos y de comportamiento. La alta presión sanguínea, ataques al corazón, poca memoria, falta de concentración y depresión, son algunos de sus desórdenes.

Las interrupciones en la respiración que caracterizan la apnea del sueño provocan una disminución de los niveles de oxígeno en la sangre y en el cerebro. La hipertensión asociada con la apnea del sueño ocurre debido a la tensión que producen en el sistema vascular. Las personas que padecen de apnea del sueño pueden tener una predisposición a sufrir un accidente cerebrovascular por los distintos síntomas que experimentan.

La Apnea Obstructiva del Sueño estaría más asociada a la enfermedad cerebrovascular que a la cardiovascular.

Los ataques cerebrovasculares pueden ser de dos tipos: isquémico, es el más frecuente y consiste en el bloqueo del vaso sanguíneo debido a un coágulo de sangre. Por otro lado, el hemorrágico que se presenta a partir de la ruptura de un vaso sanguíneo en el cerebro. Cada minuto que pasa desde el evento, menores son las posibilidades de recuperación ya que las neuronas van muriendo en forma paulatina.

Los desórdenes respiratorios durante el sueño contribuyen como factor de riesgo más en el desarrollo de isquemia cerebral. Debido a la alta prevalencia del padecimiento de apnea de sueño, es importante que los pacientes sean sometidos a una mayor vigilancia para determinar la existencia de estos desórdenes y seguir un riguroso tratamiento.